| 10 kilos por 5 hábitos |



Muchas veces pienso en que es también un camino de fe en nuestra espiritualidad cristiana, ir dejando entrar cada vez más a Jesús en las diversas áreas de nuestra vida, de tal manera de que, cada vez más, podamos entregarnos a Él, y ser cada vez más también, testimonio de su presencia en nosotros para el bien de los jóvenes, principalmente, y para nuestros hermanos.

El crecimiento de nuestra interioridad, de nuestra espiritualidad, va de la mano del recorrido que vamos haciendo en nuestro autoconocimiento. Y esto lo pensé recientemente a raíz de que hace tiempo me llama la atención que hermanos sdb con quienes convivo, de a ratos se cuestionan acerca de su salud física, de su peso, de la alimentación, y esto lo viven a veces con angustia, les preocupa sinceramente, y quisieran llevar una vida que los haga ver y sentirse saludables físicamente. Me da la sensación de que no logran resolver esta lucha que, sin dudas, es el resultado de hábitos de alimentación, hidratación, descanso, “no tan saludables” que fueron adquiridos desde hace mucho tiempo. Algunos hacen la experiencia de iniciar una dieta, o comenzar a hacer alguna actividad física, sin embargo, la determinación en hacerlo es débil, la fuerza del hábito a desarraigar es grande, y la vida vuelve a ser como antes.

Estoy convencido de que esta inquietud acerca de la salud física es una gran oportunidad para mirarse a uno mismo y tomar un tiempo para preguntarse: ¿De qué me habla esta preocupación? ¿Qué espera Jesús de mí en este aspecto de mi persona? ¿Realmente quiero estar saludable? ¿Para qué, por quién, por quiénes? Las respuestas a estas preguntas nos ayudarían a conectarnos con los deseos más profundos de nuestra interioridad y a darnos la oportunidad de dejar que Dios obre. La oración, el diálogo con Jesús, podría ser este… “Jesús, me preocupa hoy mi salud... es un don tuyo, concedémelo y ayudame a cuidarlo… que pueda cada vez más verme entero, todo uno, íntegro, y pensar que sos Vos el primero que desea una vida saludable para mí. ¿Qué mejor salesiano para los jóvenes que aquel que puede estar disponible? La salud física me permite estar pronto para servir, ágil, despierto, creativo… ¡Realmente es un don! ¡Y qué don! Ayudame, Jesús, a hacerme cargo de lo que me preocupa, confiando en que si me preocupa, es porque hoy querés trabajar en esta área de mi vida; que no ande distraído, y me ponga a trabajar. Es tu Espíritu quien me mueve a pensar estas cosas y con fe creo, que es tu Espíritu capaz de fortalecer mi voluntad para decidir y hacer aquello que me conviene, aquello que esperás de mí…”

La mirada de fe sobre mi propia vida, me permite trascender, mirar como desde arriba aquello que me preocupa o sucede. Es decir, no se trata ya de si estoy flaco o gordo, o de si tengo que comer esto o lo otro… se trata más bien de pensar en lo que Dios quiere y espera, y en que eso es lo mejor para mi vocación. A cada uno Dios nos habla de un modo particular, y nos muestra y ofrece los medios para crecer constantemente, es cuestión de animarnos a afinar nuestro diálogo con Él y escucharlo: una vez más, “¿Qué esperás de mí, Jesús, en esta área de mi vida?”

Hoy me crucé a un hermano sdb que llegaba de la dietóloga, le pregunté cómo le fue, y me respondió que le había dicho que debía bajar 10 kilos; le dije unas palabras de aliento, seguí en la bici y enseguida se me vino a la mente la frase: “la dietóloga te pidió bajar 10 kilos, yo te aconsejo cambiar 5 hábitos, que es menos que 10”. Y en mi mente comencé a enumerar… 1, aumentar la calidad; 2, disminuir la cantidad; 3, cuidar el descanso; 4, atender la hidratación; y 5, integrar actividad física. ¿De qué se trata esto? Es muy sencillo, y siguiendo nuestra espiritualidad juvenil salesiana, vamos a dar razón de cada consejo.

En primer lugar, se trata de cuestionarse a uno mismo, ¿qué es lo que habitualmente como, cuánto como, en qué momentos? Junto a esto, ¿Cuál es la calidad de aquello con lo que me alimento? ¿Qué alimentos prefiero? ¿Son saludables esos alimentos? Si no lo son ¿creo que soy capaz de llegar a no preferirlos? ¿Por qué alimentos los reemplazaría? En cuanto a la cantidad y a la calidad de lo que consumimos, el gran desafío está en ejercitarnos en preferir alimentos saludables, es decir, aquellos que son menos elaborados, lo que contienen menos productos agregados, o simplemente aquellos que son naturales (frutas y verduras). Si llegamos a ganar terreno en esto, con el tiempo, no va a haber ningún drama en que disfrute de un postre riquísimo en una fiesta, o comparta una cerveza con mis amigos, porque no va a ser lo habitual, se tratarán de situaciones excepcionales y más las voy a disfrutar aún. Mayor calidad en los alimentos en la medida justa es pensar en qué es lo que realmente necesito comer, ni más ni menos.

Respecto del descanso, debemos estar constantemente atentos. ¿Duermo lo suficiente? ¿Realmente descanso el tiempo que duermo? Durante el tiempo de descanso, mi cuerpo se reorganiza, se re-inicia (si vale la expresión), recupera energías y sintetiza lo que se vivió en estado de vigilia. A un joven que no descansa bien se le nota en la cara, en la postura, se muestra más pronto a la queja, al mal humor, y podría suceder que el estrés de lo cotidiano (que es sano en sí mismo) llegue a tensionarlo más de lo saludable, precisamente. El desafío aquí es tomar conciencia de la necesidad del descanso y animarse a hacer la experiencia de generar al final del día, un ambiente personal que lleve a estar agradecido por lo vivido e ir a dormir serenándose de a poco.

En cuanto a la hidratación, es quizás el hábito que más cuesta afianzar, ya que, en general, consumimos agua cuando tenemos sed. Sin embargo, la sed es ya signo de deshidratación. El agua permite a nuestro cuerpo mantener la temperatura adecuada así como regulada la presión arterial y en buen funcionamiento el sistema urinario. Por otra parte, el agua antes de las comidas produce sensación de saciedad, y disminuye la ansiedad respecto del alimento sólido.

Finalmente, algo que sabemos ya intelectualmente es fundamental: la actividad física. Así como los ejercicios espirituales son necesarios para una vida espiritual, en la misma medida lo son los ejercicios físicos para la salud del cuerpo. Aquí hay inmensidad de posibilidades, ya que se trata de integrar la actividad física a la vida cotidiana, en la medida en que puedo y a la medida de mis gustos. ¿Ninguna actividad física te gusta? No es una opción, hay que seguir probando, algún tipo de ejercicio es el adecuado para el estilo de vida que llevás… alguno existe y hay que encontrarlo. En este punto, más que en los demás quizás, hay que trabajar la motivación constantemente, hasta que logre arraigarse el hábito de que la actividad física (la caminata, la bicicleteada, el fútbol, el baile, etc.) forme parte de mi semana.

Todo esto me hace preguntar muy en serio, ¿Realmente creés que estar saludable es sólo cuestión de bajar 10 kilos? ¿O como cristianos tenemos la posibilidad de trascender y pensar en que hay algo más que Dios me está diciendo…? ¿Es más fácil bajar 10 kilos o adquirir 5 hábitos? No lo sé, según cada quien. Sin embargo, personalmente, estoy convencido de que adquirir hábitos saludables es la clave para una vida entera saludable, y apunta a la raíz del cuestionamiento acerca de la salud, más que a atacar el hecho de que tenga 3 o 7 kilos de más…

Dios nos de la gracia de agradecer cada día el don de la vida, y dejar a Él entrar y tocar las dimensiones de nuestra persona de tal manera que podamos servirlo más íntegros en la vocación-misión a la que creemos alegremente nos llama.

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